Se supone que en Taiwan gozamos de las cuatro estaciones. Yo diría que más bien, en Taipei, sufrimos como en Costa Rica de dos estaciones marcadas: lluvia y más lluvia. En verano llueve horizontalmente con viento por los tifones, o sino tenemos tormentas eléctricas violentas que hacen temblar los ventanales. En invierno es una constante llovizna, un pelo de gato –en mandarín se le dice igual, mao mao yu-- , que unido a los días cortos y grises, las gripes espantosas, y el persistente y majadero recordatorio de que si estuviera en San José ya estaría enrumbado en un puro jolgorio de fin de año ... no sia gueve. Lo peor es albergar la esperanza de que de que, mmm, el resto de la isla no puede estar así, tiene que haber un poco de sol en alguna parte. Nope, no hay.
Por cuatro días, la ciudad toma un aire como San José navideño, vientos fríos, tardes soleadas...Y en eso empieza el invierno. Por una semana. Dos días bonitos, un día caliente como un horno, vuelve el frío. Ahora por dos semanas. Despídase del sol.
Por eso, hay que aprovechar la poca claridad que queda y salir a pasear mientras nos quedan ganas. Otras de las opciones económicas que hay en la ciudad es la llamada “autopista azul”.
Allá en los tiempos que en que Taipei apenas se perfilada como cuatro chozas rodeadas de una muralla, en el lado oeste de la ciudad, bordeando el banco del río Danshuei, el barrio de Dadaocheng comenzó a crecer gracias al comercio de té con los extranjeros.
El té de Taiwan siempre ha gozado de buena reputación, y la constante entrada de ganancias, aunada al contacto con los occidentales, permitieron el surgimiento de una clase adinerada. Ellos empezaron a importar especialidades, a comerciar en telas y acumular capital. Dicen las malas lenguas que la calle Dihua tiene más millonarios por metro cuadrado que la propia Chungshiao East Road (equivalente a Paseo Colón). Aparte de ello, hasta el momento, se conserva la tradición de comprar las especialidades de Año Nuevo Lunar en la calle Dihua, como darse el “avenidazo”, o comprar la masa para los tamales en el Mercado Central.
Piensen en cafetaleros en un barrio po-pof de Chepe City, que sé yo, Barrio Amón, Escalante, etc. en sus tiempos de gloria. Es realmente llamativo ver las casas de la época decoradas con motivos europeos, e imaginarse cómo debió haber sido en su apogeo.
En Danshuei y en el Muelle puede pasear por el malecón, comer pescado y mariscos, sentarse a tomar el fresco en un poyo o en un café. Puede ira al museo aborigen en Bali o simplemente contemplar el atardecer en la costa. No es Puntarenas, pero es lo mejor que le puedo ofrecer antes de que empiece a llover otra vez....